La gran operación

Todas las mañanas, me  despierto a las 6 de la mañana, me cambio de ropa, y mientras me bebo mi café, miro desde la ventana de mi cuarto hacia el expandido paisaje que se encuentra en frente mía.

¿Qué es lo que veo?

Yo veo montes, vegetación, un agradable cerezo abajo de ese enorme y sonriente prado, y una clara vista de lo que le espera a este espacioso y tranquilo lugar. Solo hace falta fijarse un poco, para reparar a esas interminables y gruesas cuerdas. Claras conductoras de la electricidad, la cual pronto hará encender la bombilla de casi media ciudad. También hay carreteras, muchas, pero todas llenas de lo que desde aquí se ven como los veloces asesinos del futuro, los cuales llevan consigo a la mismísima víctima como jefe de la gran operación suicida. A lo lejos se pueden ver las cinco grandes industrias, que nunca se marcharan de ahí. No hay ninguna persona, solo maquinas andantes, las cuales pulsan los grandes botones rojos. Son industrias con insomnio, ya que siempre están despiertas por los grandes panales que alumbran los vidriosos cristales verdes, que deforman a las grandes maquinas las cuales sustituyeron facilmente a la persona.

Cuando salgo de casa miro atentamente al frente. Me recuerda que hace muy poco, había una plaza. Era pequeña, pero ahí estaba. En medio de ella se encontraba el lugar de paz donde siempre acudía los atardeceres, para poder disfrutar de las grandes historias ya olvidadas por los mismísimos personajes. Ahora, es la pequeña plaza la que ha caído olvidada. En vez de ese pacífico lugar, se encuentra un gran local, el cual cada sábado se llena de gente y sonidos los cuales no se pueden apreciar. En ese pacífico lugar es donde se alzaron de nuevo los grandes grises muros, y en donde pronto sus colores se volcarían en un gran y vacío negro. En donde ese pequeño roble desapareció apenas sacar el pergamino que decidió el futuro de ese paraje.

Así es como paso yo todos los días. Presenciando cómo la vida misma se apaga enfrente de mis desamparados y lúgubres ojos. Así es como estos ojos pestañean incrédulos, ante la gran capacidad de la humanidad de rechazar la opción más aclamada en la historia. La vida.

Así es como siempre me decepciono al pasear por la ciudad, así es como mi enojo crece y crece al poder reparar en la gran vista que el ser humano permitió hacerse realidad.

Ya no se oyen esos pájaros cantando en primavera, ni encontrar una sonrisa inocente de un niño en un día soleado. La única primavera que existe es la de un cielo gris y de el sonido de los coches al arrancar sus motores. Aquellas sonrisas inocentes desaparecieron apenas ponerse esos claros antifaces que salvan vidas al no dejar respirar el tóxico humo que se dispara de esas horribles torres de granito, donde seguramente la gente siempre las ve como una opción para ganar el oro que solo les lleva a su propia perdición.

Todas las mañanas, me despierto a las 6 de la mañana, esperando que el cielo haya cambiado de ese antipático gris solido, a un sincero azul claro que hace tanto tiempo que no veo, y que los edificios de los grandes muros grises impenetrables desaparezcan. Que regrese ese sentimiento de felicidad ya desconocido al leer una de las grandes historias debajo de ese diminuto árbol, y que al pasear por las amplias calles, solo oiga las hermosas y muy detalladas melodías de los azules ruiseñores y esas amplias conversaciones de parejas y familias discutiendo por el mero hecho de la decisión de la noche.

Utzi erantzun bat

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